La vi por última vez antes de partir de Santiago. Como siempre baje en estación Las Rejas para tomar el metro. Sin pausas deje la micro aquella vez, encaminado hacia la estación, baje las escaleras, todas, hasta el anden. Ahí deje pasar tres o cuatro trenes. Era temprano y no estaba apurado. Aun tenía una hora para llegar al Terminal Alameda.¿Por qué me quede? No lo sé con certeza, pero como siempre, algo me impulso a demorar el camino.
No paso mucho para descubrir el motivo. Estaba sentado, apoyado en la pared de la estación cuando sentí su aroma… había llegado con el ultimo tren que partía en ese instante. ¿Tendré suerte esta vez?
Inmediatamente me puse de pie, rápido y agitado. Un aroma sublime, imperceptible quizás, pero indudablemente familiar. Mire hacia la derecha y la vi. “Extraño lugar” pensé en el momento. Un cuento a la vez:
La imagen de un cuerpo que danza bajo el ritmo de una música cuidadosamente seleccionada. Piel blanca, suave, dulce y negada por tanto tiempo.
Frío al tacto, calor oculto. Silencio cómplice… Un beso sin final…
Recuerdos de una noche sin tiempo, sí, eso fue…
Intente moverme en su dirección, sin cautela al principio… Despacio al final, al ver que no lograría alcanzarla antes de que abordara el tren que llegaba a la estación. Camine entonces junto a la marea de gente que abordaba el metro, siempre atento a Ella. ¿Me había notado? ¿Se dio cuenta como yo de la presencia del otro?
No lo sabría hasta subir al carro, cosa que logre. Gracias.
Ya dentro del tren intente avanzar entre la gente hasta acercarme lo suficiente. Sin suerte veo como el mar de personas me bloquea el paso. Sin suerte.
La llamo por su nombre, en silencio, en un susurro, como en una película. Ella esta de espaldas a mi, unos buenos seis metros mas allá. Ella no sabe como, pero se da vuelta de alguna forma. Noto su esfuerzo y lo agradezco enormemente, siempre en silencio.
Me mira, me observa y sus ojos brillan, me miran lentamente. Una vez más.
Constante lucha por acercarme me imposibilita más aún. Estoy atrapado.
Con su mirada me dice “no… no sigas…” y entiendo que solo hasta ahí debo llegar.
Sin nada más que hacer, solo dejar que el tiempo pase mientras la marea me arrastra algo más lejos…
No tengo palabras precisas, ni despedidas preparadas. No atino a nada excepto a mis recuerdos y sin miedo grito:
“…Recuerda... Una noche sin tiempo!!!