octubre 31, 2007

Pausa (C. Bukowski)

Haciendo el amor al sol, al sol de la mañana
en una habitación de hotel
sobre el callejón
donde los pobres hurgan buscando botellas;
haciendo el amor al sol
haciendo el amor junto a una alfombra más roja que nuestra sangre,
haciendo el amor mientras los chicos venden titulares
y Cadillacs,
haciendo el amor junto a una foto de París
y un paquete abierto de Chesterfield,
haciendo el amor mientras otros hombres -pobres idiotas-
trabajan.

Desde aquel momento (hasta ahora...
años, quiza, según otras medidas,
pero en mi recuerdo es sólo una frase reiterada)
hay tantos días
en los que la vida se detiene, frena y se sienta
y espera como un tren en las vías.
Paso por ese hotel a las 8
y a las 5. Hay gatos en los callejones
y botellas y mendigos,
y levanto los ojos hacia la ventana y pienso
ya no sé dónde estás,
y sigo andando y me pregunto adónde
va la vida
cuando se detiene.

MELANCOLÍA (C. Bukowski)

la historia de la melancolía
nos incluye a todos.
me retuerzo entre las sábanas sucias
mientras fijo mi mirada
en las paredes azules
y nada.
me he acostumbrado tanto a la melancolía
que
la saludo como a una vieja
amiga.
ahora tendré 15 minutos de aflicción
por la pelirroja que se fue,
se lo diré a los dioses.
me siento realmente mal
realmente triste
entonces me levanto
PURIFICADO
aunque no haya resuelto
nada
(...)
hay algo mal en mí
además de la
melancolía

octubre 19, 2007

Incomprendido

Juncos, arboles y palacios!
Maticez impregnados en aceites.
De color el pinche de niña católica.
Dorados los zapatos
Y la Lengua...

En plata emigran sus palabras,
Buenaventura para su poeta.
Tan lejos, y tan cerca.
El encabezado dice:
"No tenga esperanza"

Camino renovado,
Sin pruebas no hay dolor.
Herida la Hoja y el Lapiz
Urjido el editor, piensa:
"Mejor No..."

agosto 21, 2007

John Doe

Se desnuda sobre el piso frío, sus pies sienten la suave y helada superficie. Pareciera que la quietud de este espacio amplificara mil veces los sonidos. Asi, cada prenda que deja sobre el piso, trae un sinfin de ruidos que atraviesan la habitación.
Su piel se estremece, hace frío. El olor a formol y desinfectante, pareciera entrar en su conciencia. Sus manos desabrochan la camisa, lentamente, botón, por botón, como si con cada uno se acercara más al borde de un gran abismo.
Saca la camisa. Esa camisa. La que le dio Amanda. La dobla cuidadosamente y la deja en el piso, sobre los pantalones.
Ahora, solo el anillo lo separa de la desnudez. Lo gira, lo mira, tanteando en su brillo alguna memoria del pasado que haya quedado oculta en el metal. Una imagen se aparece. Amanda acomodando su pelo tras las orejas, concentrada en escribir. El olor de su cuello, la calidez del espacio entre sus pechos. Todo eso esperaba oculto en esa argolla de metal.
Termina por sacarla, como un fanático se arrancaría el corazón.
Ya nada separa su cuerpo del anonimato.
Ahora, beber. Aquel líquido que le permitirá parecer muerto, aquel líquido que hará inaudibles los latidos de su corazón, que paralizará todos sus músculos.
Sube a la camilla, siente el contacto del metal, un estremecimiento recorre sus huesos.
Cuelga lentamente el cartel en el dedo de su pie. Se recuesta. Siente como surte efecto el brevaje.
Lo último que alcanza a ver, es el nombre en la etiqueta: Desconocido.

Espacios

Entre este punto del universo en que estoy y el lugar donde mi deseo me lleva, hay un enorme espacio, solo atravesable a punta de voluntad.
Pero debo tener cuidado con lo que deseo, no quiero ser una polilla que de tanto buscar la luz, termina achicharrada.
Estoy en un camino. Sigo mi deseo. O eso creo. Recuerdo: Amar es renunciar a la fuerza.
¿Me estoy forzando? ¿Estoy forzando las cosas?
A veces el mundo parece demasiado complicado para desentrañarlo. A veces mis pensamientos parecen ser un enjambre de telarañas.
A veces solo puedo seguir a mis tripas, seran mis entrañas, las que decidan el camino.

julio 23, 2007

El último tren

El viernes pasado hicimos una junta con mis compañeras del colegio, una reunión esperada por todas pero a la que lamentablemente fuimos tres.
En todo caso no quiero hablar del carrete, sino de la ida al carrete. Eran cerca de las 11 de la noche y la Pau me llamaba al celular diciendo que me apurara para alcanzar el metro y para que pudiéramos tener alguna mesa en el lugar al que íbamos porque siempre se llena. Yo estaba en la casa del Pancho y él también iba a carretear con sus amigos y no me preocupaba mucho el asunto del metro porque la casa de él queda a pasos del metro…igual como en la publicidad de los departamentos del centro.
Cuando estábamos en la calle él insistió con esperar la micro porque decía que el metro había cerrado ya y yo, mirando la hora a cada rato, le decía que fuéramos igual al metro. Fue chistoso porque él decía que venía una micro y yo, que soy ciega, le decía que la huea que veía allá era un paradero de micro, claro: los buses del Transantiago son parecidos a sus paraderos, ahí sonrió un poco y me dijo “ah yo pensaba que era una micro que estaba parada” lo que hizo que mi risa explotara.
Eran 11:02 y caminamos muy rápido, yo a la distancia veía que la gente bajaba al subsuelo en la entrada del metro, lo que me llevaba a concluir que estaba abierto. Llegamos, nos subimos y nos relajamos, esto acompañado de mis “¿viste?”
Nos separamos en la estación Baquedano, yo iba a la estación Parque Bustamante. Un beso, un cuídate, un pásala bien y una última mirada a los ojos.
Cuando hice el transbordo el tren estaba llegando a la estación, apuré mi paso y me subí. Se detuvo mucho tiempo ahí y la voz que sale por los “parlantes” del tren dice “señores pasajeros nos quedaremos más tiempo del normal en la estación ya que este es el último tren con dirección a Vicente Valdés” eso produjo una sensación extraña en mi y pensaba: “alcancé el último tren” o “irme en el último tren” fue como alcanzar la sobra del transporte público, me sentí casi como en un mundo paralelo, fue una sensación parecida a estar sola en el metro y él funcionado sólo para ti porque se te ocurrió salir más tarde y te atrasaste pero igual tienes que llegar al carrete y ni modo que te dejen ahí si ya pagaste el pasaje.
Vi cómo los guardias de amarillo se comunicaban por sus radios y le hacían señas al chofer cruzando los brazos y abriéndolos una y otra vez, así el tren cerró sus puertas y se marchó con todos los atrasados adentro…una plaga que está llenando la ciudad y de la que soy parte.
Llegué a mi estación de destino y sólo había una puerta para salir, otro mensaje más de que nos tocó la sobra, es más: el guardia tuvo que abrir la reja que estaba “abierta” para que pudiéramos salir. Después de eso, toda la noche estuvo maravillosa con mis amigas, el carrete y su respectivo bajón.
Pasaron 8 días, otro carrete con mis amigas, una vez más atrasada acudiendo al metro y volví a escuchar lo mismo por el altavoz, pero esta vez también en la línea 1.

julio 11, 2007

el Domingo...

...Tuve la excelente idea de comprar un numero, uno sólo.
Maldigo mis brutas ocurrencias. Ahora es Martes y no he podido salir del departamento.
¿Afuera? esta lleno de "Vendedores de Pomadas", opinologos(eso no va con mayúscula), Periodistas (seudo), uno que otro pariente en noveno grado y algun amigo ocacional que busca una tajada.
Claro, sólo yo sufro de esta efermedad llamada extrema fortuna y ahora lo estoy pagando.
El Domingo sortearon el Kino con el pozo más grande de la historia(...sic, siempre dicen lo mismo).
Siete mil ochocientos cuarenta millones -give it or take-. Jamás lo habia jugado, ahora por creer que no habia opción de que hubiera un solo ganador(era estadisticamente imposible considerando el numero de cartones vendidos), estoy pagando el pato, los platos rotos y un montón de cosas más...
Tengo hambre y no puedo salir a comprar pan...